Camino al Oscar 2016: La habitación

Se impone no dar apenas pistas. Una breve sinopsis puede destrozar la experiencia del espectador, pues estamos ante una pe­lícula que es casi más experiencia que narración.
Probablemente sea la apuesta más original de las cin­tas que han entrado en el grupo de las escogidas de los Oscar, esos títulos dispuestos a alzarse con la es­tatuilla más codiciada: la de mejor película. La habi­ta­ción es uno de esos filmes en los que se impone no dar apenas pistas. Una breve sinopsis puede destrozar la experiencia del espectador (pues estamos ante una pe­lícula que es casi más experiencia que narración). So­lo diremos que es un drama materno-filial que trans­curre en un desasosegante escenario físico y psico­lógico.
La cinta es de una dureza y de una intensidad desar­man­tes que, sin embargo, se soporta bien gracias a un tra­bajado guion que sorprende en cada punto de giro. Re­conozco que es muy difícil descolocar “narrativamente hablando” a alguien que ve más de un centenar de películas al año -es mi caso- y, sin embargo, en La ha­bitación me vi absolutamente perdida (“y ahora có­mo va a terminar esto”) en más de una ocasión. A esos pun­tos de giro se suman unos cambios de registro e in­cluso de género, sumamente arriesgados, que sin embargo funcionan y ayudan a que la película respire de una forma también novedosa en un título de estas ca­racterísticas.
Por otra parte, por mucha escritura de guion que ten­gamos, esta arriesgada propuesta -estamos hablan­do de una película en continuo cambio y que, por momentos, reduce su escenario a unos escasísimos me­tros- no se sostendría sin un casting adecuado. Lo te­nemos también. El tour de force interpretativo entre Brie Larson y el jovencísimo Jacob Tremblayes electrizante. Con estos ingredientes, se entiende que La ha­bitación esté preparada para competir por lo más al­to del pódium.

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